FLORA INTESTINAL. Bacterias intestinales y su relación con el cerebro

En esta entrada quiero hablaros de un tema muy interesante que es la flora intestinal o microbiota, que es la población bacteria que tenemos en nuestro intestino.

Existen tal cantidad de bacterias en nuestro tubo digestivo, que superan a la cantidad de células que tenemos en todo nuestro organismo. ¡Es alucinante!

Cada vez son más las investigaciones que van profundizando en esta flora y su repercusión en nuestra salud.

La comunidad científica y médica ha establecido una relación bidireccional entre la normobiosis o (equilibrio) microbiano y la salud mental.

Existe un eje: intestino – microbiota – cerebro, donde toda la flora intestinal dialoga con diferentes sistemas en nuestro intestino y es capaz de dar homeostasis (equilibrio) a estos otros sistemas. Como sabéis nuestro sistema inmunológico depende de la salud del intestino.

La comunicación entre el intestino y el cerebro se realiza a través del nervio vago y también de forma sanguínea.

Se ha establecido relación en patologías como el autismo, la esquizofrenia, los trastornos obsesivos compulsivos, el déficit de atención e hiperactividad, o trastornos nerviosos en niños con la “disbiosis” intestinal.

Desde hace bastante tiempo al intestino se le conoce como el segundo cerebro, y es que, es en el tubo digestivo donde diferentes sistemas interactúan entre sí.

Se han llegado a establecer más de 100 patologías relacionadas con la alteración de la flora intestinal.

La flora intestinal sirve de barrera protectora y es capaz de sintetizar nutrientes necesarios en nuestro metabolismo. Es por esta razón, que su alteración tiene una repercusión entre diferentes sistemas (nervioso, endocrino, inmunológico.).

Con esta información pretendo hacer llegar un mensaje y animar a cuidar la salud de nuestro intestino. Su cuidado se puede abordar desde una alimentación saludable (consumo de fibras, ingerir alimentos fermentados como el yogur, kéfir,) estar atentos a nuestras deposiciones (más del 60% de la materia fecal son bacterias) corregir el exceso de gases, ya que estos son igual a fermentación.

Otro punto importante es gestionar el estrés, pues es evidente que a través del estrés y de la química sanguínea nuestra flora intestinal se ve alterada.

Fomentar el uso responsable de los antibióticos, pues estos barren nuestra flora intestinal cuando nos sometemos a un tratamiento de antibióticos. Con su ingesta no solo acabamos con las bacterias patógenas, sino también, con las aliadas.

El uso de probióticos tras un tratamiento es una manera de normalizar lo más posible nuestra flora barrida.

Por estos motivos os pedimos que no toméis antibióticos sin la prescripción médica correspondiente.

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