Relación entre la dieta y la inflamación

En esta entrada al blog quiero hablaros de la inflamación y su relación con la comida.

La inflamación es un proceso útil y eficiente en condiciones normales, pero también puede contribuir a la enfermedad en patologías crónicas como la diabetes tipo II y las enfermedades cardiovasculares. En este tipo de enfermedades la grasa saturada, las lipoproteínas y sus agregados disparan la respuesta inmunitaria y producen inflamación, que al no poder eliminarse fácilmente perpetúan la respuesta y contribuye a que la enfermedad persista.

Determinados factores nutricionales pueden modular e intervenir nuestro sistema inmune con la ingesta calórica de:

  • la cantidad de grasas en dieta y el tipo de esas grasas,
  • las vitaminas A, B6, C, D y E,
  • los carotenoides,
  • el hierro,
  • el zinc y
  • el selenio.

Mediante la regulación y el aporte de estos nutrientes, se pueden prevenir enfermedades como la hipertensión, la resistencia a la insulina, diabetes, infecciones, asma, alergias alimentarias, etc.

Existen ejemplos claros y directos:

  • La vitamina C en la respuesta de los linfocitos T,
  • la deficiencia de zinc afecta la respuesta inmunitaria,
  • la vitamina A en la función de los macrófagos.

El déficit de estos nutrientes es tan negativo como lo es el exceso de ellos. Por lo tanto, es importante hacer hincapié en el equilibrio y el balance de la dieta.

Realizar una dieta hipocalórica se asocia a una disminución de los marcadores de inflamación. Al disminuir el tejido adiposo disminuyen las señales inflamatorias y la secreción de citoquinas.

Los azúcares simples y los cereales refinados, se caracterizan por tener un elevado índice de glucemia (azúcar en sangre). Lo que conlleva a una menor degradación de las grasas almacenadas y a tener una hipoglucemia reactiva a las 3 – 4 horas (sensación de hambre) favoreciendo la obesidad.

La montaña rusa que generan esos azúcares en nuestra sangre reduce la disponibilidad de óxido nítrico, aumentando así la producción de radicales libres además de incrementar el proceso de inflamación al modular la proteína kinasa (PKC). Estudios científicos demuestran una relación inversa entre el consumo de cereales integrales y los niveles periféricos de inflamación.

Respecto a los ácidos grasos de cadena larga (los omega 3), podemos decir que existe evidencia de su efecto protector vascular y cardiaco, el omega 3 es el antinflamatorio natural por excelencia.

Se observa en pacientes con ingestas elevadas de ácidos grasos trans (bollería, alimentos precocinados, etc.) un efecto proinflamatorio.

El aceite de oliva virgen es fuente de grasa monoinsaturada y, por el hecho de no estar refinado, conserva todos sus compuestos fenólicos caracterizados por tener propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.

Los frutos secos contienen:

  • grasas insaturadas,
  • compuestos fenólicos (L-arginina, precursor de óxido nítrico)
  • moléculas antinflamatorias y antioxidantes (un buen ejemplo son las nueces)
  • y son ricos en fibras.

Existe evidencia científica entre el consumo de frutas y verduras y una disminución de proteína-C reactiva y otros marcadores de inflamación. Muy probablemente sucede por el contenido elevado de antioxidantes y fitoquímicos presentes en estos productos vegetales.

El consumo “moderado” de vino tinto, por su contenido en resveratrol así como otros polifenoles y flavonoides, contribuyen a la prevención de la enfermedad cardiovascular a través de diferentes mecanismos y su acción antiinflamatoria.

Ingerir alimentos ricos en fibras dietéticas está relacionado con baja inflamación existiendo asociación negativa con el factor PCR.

La mucosa intestinal tiene un papel importante en el mecanismo de la inflamación. Según se encuentre nuestra pared y mucosa aumenta o disminuye la permeabilidad del intestino, atravesando la barrera protectora (virus o bacterias) y activándose así la señalización inmunológica.

Para finalizar quiero hacer énfasis en cuestiones de prevención de la salud. La nutrición juega un papel muy importante ya que a través de los nutrientes el organismo puede llevar a cabo su normal función.

Es evidente que las dietas deficitarias, ricas en grasas poco interesantes, harinas y azúcares refinados, son dietas que favorecen la inflamación.

La inflamación está relacionada con infinidad de enfermedades de nuestro sistema.

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